Publicado por Diario de Sevilla antes del Betis- Sevilla.
Puerta de Goles. Crecieron en la Sevilla de la Puerta Real. Firman algunas de las mejores fotografías de la Semana Santa de Sevilla, aunque uno vende motos y el otro joyas. A Bajuelo lo hizo sevillista su padre; a Salazar el beticismo le vino por vía materna como el idioma, cuando su madre y su tía lo llevaban al fútbol
Vidas paralelas, como las que narró Plutarco, pero dentro de un orden. Los dos nacieron el mismo año de 1952. Hijos de dos amigos que frecuentaban la tertulia de la barbería en las inmediaciones de la puerta de Goles, nombre premonitorio. Los dos hicieron la comunión en el mismo convento de la calle San Vicente. Fueron juntos al colegio de don Benjamín, en la calle Gravina, y al de San Luis Gonzaga. Y han firmado al alimón algunos de los mejores trabajos fotográficos de la Semana Santa sevillana. Son uña y carne, aquí y en Costa Rica. Con un matiz: Fernando Salazar es bético, muy bético, y Ángel Bajuelo, su amigo y compañero, es sevillista, muy tranquilamente sevillista.
Salazar verá el partido en el campo; Bajuelo, por televisión, porque el sevillista se desencantó de ciertos excesos. "Con la tierra que cabe en un tiesto, los presidentes de los dos equipos son capaces de hacer montañas infranqueables". La afición les llegó por el conducto genético, aunque en muy diverso grado. A Bajuelo lo hizo sevillista Salvador, su padre, operador cinematográfico de profesión, muy amigo del padre de Salazar. A éste lo hizo bético su madre, doña Rosario Piedra.
"Una bética con arte", admite el eterno rival. "Mi madre era socia", cuenta el verdiblanco, "y los domingos yo iba al campo del Betis con ella y con mi tía Mercedes. Una vez, el Betis ganó en el campo del Sevilla y mi madre apareció en la Puerta Real con una bufanda verdiblanca y en un coche de caballos".
Los dos coinciden en que Gordillo era el más fotogénico. Sus nombres son inseparables de la historia gráfica de la Semana Santa de Sevilla, un hobby que les absorbe buena parte de su tiempo, aunque no sea su profesión. Bajuelo vende motos, ayer sin ir más lejos colocó en el mercado una Piaggio; Salazar es representante de una joyería y su último trato fue la venta de unos pendientes para una comunión. En consonancia con tan fenicia dedicación, cada uno hace su particular analogía. "¿La joya del Betis? Joaquín". "¿La moto del Sevilla? Julio Baptista, aunque en la curva le está adelantando Jesús Navas".
Salazar sigue siendo socio del Betis. Bajuelo se cortó la coleta hace unos años. "El último partido como espectador fue un Sevilla- Barcelona. Me fui en el descanso de aburrimiento". Durante unos quince años esta pareja de fotógrafos acudió a los dos estadios de la ciudad para captar imágenes para los partidos. Empezaron con la agencia Andalucía Deportiva que creó Miguel Gallardo. "Ahora con los teleobjetivos se pueden hacer virguerías", dice Bajuelo. "Ha cambiado mucho el criterio. Hoy se valora mucho más el gesto que el gol. Hay fotos buenísimas en las que no aparece ni el balón". Como figurantes del espectáculo les decían de todo. "Una rubia casada con un directivo se desgañitaba llamándome sevillista", dice el bético. "Y a N'Kono, el portero camerunés del Español, le decía blancanieves".
De su colección, Salazar destaca una fotografía del Alemania- Francia, la semifinal del Mundial 82 que se jugó en Nervión. Platini contra Rummenigge. Bajuelo tiene enmarcada en casa una foto premiada en un concurso fotográfico. "Es un salto espectacular de Rincón en un Betis- Valladolid". Le gustaban más los derbis del Tío Pepe y su sobrino. "No concibo esta ciudad sin Betis y Sevilla".
Bajuelo recibe todas las mañanas su ración de derbi en el bar La Espadaña. No pertenecen a ninguna cofradía del deporte. "Yo fui a un gimnasio cuando me eligieron Gran Visir de la Cabalgata", dice Salazar. Les separó la mili: Salazar la hizo en Aviación, aunque su único vuelo era hacerle los mandados a un teniente coronel, y Bajuelo en Ferrocarriles. Cuando los futbolistas viajaban en tren.
