
Ella trabajaba en un veinticuatro horas cercano al lugar donde estaba El Joven Costalero, un local de la calle Torneo que inventó los drugstores y los afterhours antes de que existieran. El se enamoró de su cansancio cuando la veía bostezar a primera hora de la mañana, fatigada de barrer la noche poniendo copas y vendiendo pasteles de azúcar barato. Como cada día había salido a caminar. Los soli tarios andan mucho. La veía de reojo, se enamoró de reojo y la primera vez que se atrevió a hablarle ella sólo vio una silueta, ¿sirven desayunos?, preguntó. Ella le sirvió los desayunos necesarios para enamorarse. Durante seis meses dejó de bostezar a primeras horas de la mañana y él de andar. Se amaban en un oscuro hostal, frio, desagradable, pero con wifi. Ahora, puedo contarlo porque los vi la otra mañana, él bosteza después de haber trabajado toda la noche en un veinticuatro horas y ella camina de reojo. Aparentan no haberse visto en la vida.

