Esa Real Copa, ya es nuestra, y me incluyo, no porque sea muy aficionada al fútbol, sino por solidaridad con los béticos que me hablan a diario del equipo de su alma con una pasión desbordada y contagiosa, que me ha unido inevitablemente a los verdiblancos, con la simpatía y la devoción que los caracteriza. Y sin duda, el que más ha contribuido a mi moderada afición por El Betis, ha sido mi hermano Juan, un bético militante y partible que lo único que le falta, en su locura por el Betís, es cambiarse el color de la sangre, que si pudiera, sería también verde, ¡faltaría más!.
Él dice, que el belicismo es una religión, una forma de ser, una manera diferente de ir por la vida y disfrutarla, y puede que tenga razón, porque la mayoria de los béticos que conozco, mujeres y hombres, son divertidos, vitalistas, solidarios y participativos. Si además, a estas cualidades, se le añaden la educación y el respeto, seguro que la familia verdiblanca brindará con la copa real por una jornada inolvidable.