El Centro de Rehabilitación de Daño Cerebral CRECER se ha sumado este lunes 26 de octubre, un año más, al Día del Daño Cerebral Adquirido (DCA). Con esta jornada de sensibilización quiere recordar que detrás de cada lesión cerebral hay una persona cuya vida cambia de repente y una familia que tiene que afrontar una situación nueva para la que muchas veces no está preparada.

El daño cerebral adquirido puede afectar a la movilidad, el lenguaje, la memoria, la atención, la conducta, las emociones y la autonomía personal. Cada caso es diferente y necesita una respuesta adaptada a la persona, a su evolución y a su entorno.

Por eso CRECER, centro referente en rehabilitación de daño cerebral en Andalucía desde hace cerca de 30 años, insiste en la importancia de un tratamiento especializado, individualizado y continuado en todas las fases: desde los primeros momentos de la rehabilitación hasta las etapas posteriores, cuando todavía hay objetivos que alcanzar y capacidades que recuperar o compensar.

Más allá del alta hospitalaria

El centro subraya que esta realidad no termina cuando el paciente sale del hospital. La recuperación puede ser un proceso largo, con avances y dificultades, que exige coordinación entre profesionales, seguimiento y apoyo para que cada persona desarrolle al máximo sus capacidades y recupere, en la medida de lo posible, su proyecto de vida.

Según CRECER, la rehabilitación no consiste solo en trabajar las secuelas físicas. También hay que abordar las dificultades cognitivas, de comunicación, emocionales y funcionales que pueden aparecer tras una lesión cerebral. El centro lleva cerca de tres décadas aplicando protocolos que ayudan a sus pacientes a recuperar capacidades.

Este trabajo se diseña y se planifica de forma individual para cada caso. El objetivo es favorecer la autonomía de los pacientes, mejorar su calidad de vida y facilitar su participación en la vida familiar, social y cotidiana. Para lograrlo, el centro considera fundamental adaptar los objetivos terapéuticos a cada situación, respetar el ritmo de evolución de cada persona y trabajar a partir de las capacidades que conserva, sin perder de vista las necesidades que van surgiendo.

Las familias, una pieza clave

El daño cerebral adquirido no afecta solo a quien lo sufre. También transforma la vida de sus familiares, que a menudo tienen que asumir nuevas responsabilidades, reorganizar su día a día y aprender a convivir con cambios físicos, cognitivos, de conducta o emocionales que no siempre son fáciles de entender.

Por este motivo, CRECER considera el acompañamiento a las familias una parte esencial de la atención y una de las claves del progreso de los pacientes. Entender las secuelas, conocer herramientas para las dificultades cotidianas y aprender estrategias que favorezcan la autonomía de la persona afectada ayudan a mejorar la convivencia y el bienestar de todo su entorno.

El centro sitúa a las familias como parte del proceso de rehabilitación y defiende la importancia de ofrecerles orientación y apoyo en cada etapa. Cuidar a una persona con daño cerebral adquirido, recuerda, implica también atender las necesidades de quienes la acompañan, darles recursos y ayudarles a afrontar una situación que puede alargarse en el tiempo.

El mensaje central que CRECER quiere trasladar en esta jornada es que las necesidades de una persona con daño cerebral adquirido no desaparecen tras la fase hospitalaria. Su evolución puede requerir tratamientos prolongados, nuevas intervenciones y apoyos que se adapten a los cambios que viven tanto el paciente como su familia. La atención, concluye el centro, no debe detenerse cuando termina una etapa, sino continuar allí donde la persona siga necesitando apoyo para recuperar capacidades, ganar autonomía y construir nuevas oportunidades.